Sinopsis
Sin que nadie diera una señal de partida, grupos de gente se fueron poniendo en marcha, y así, sin formalidad alguna, se emprendió el camino de regreso, bajo un cielo cubierto nuevamente de nubes muy oscuras que amenazaban tormenta. Poco a poco, la explanada de la Abadía se fue quedando desierta.
Si una vez, dos siglos atrás, el fervor había atraído hasta aquí como lugar santo a gentes de todas procedencias, ahora, al desaparecer los monjes, el miedo a invisibles fuerzas demoniacas estaba a punto de alejar de allí a sus vecinos y a espantar por siglos, a posibles visitantes.
Ellos no lo podían adivinar, pero así fue. A lo largo de sus vidas, nunca más vieron abiertas sus puertas. Nunca más presenciaron la llegada de visitantes de lejanas abadías. Y nunca más se oyeron en el bosque los rezos de sus monjes o el repicar de las campanas.
Desde ese día, el terror sepultó, en la soledad sombría de aquel paraje, dos siglos de grandes logros materiales y espirituales. Y su majestuoso edificio, que hasta esta fecha había reflejado la gloria de la Abadía de Santa María para orgullo de todos, se dejó abandonado a merced de la acción erosiva de las aguas y el viento, como una roca más de la mole de la Meseta.