Sinopsis
Relatos, microensayos, epigramas, sátiras, recuerdos y alucinaciones forman la realidad del mundo y de nuestra sociedad que José Antonio Molina describe con brillantez y humor soterrado. Las rayas del tigre, las corrientes marinas, las voces de ultratumba, los reflejos de una copa de vino nos muestran nuestra propia realidad, con distancia y humor, y el mapa de los senderos que se entrelazan. Thomas Mann decía que para ser un buen escritor era necesario tener siempre una gota de la propia sangre en el tintero. Esta idea de la autenticidad se combina con la mirada de cazador que Molina exhibe. Cazador de palabras es como decir observador de la realidad más allá de los engaños y espejismos de un mundo vacuo, automático y comercial. Molina se lanza a una descarnada topografía del universo para explorarlo en toda su dimensión real, simbólica y onírica. En su zurrón de cazador hay retazos de realidad que filtra a través de una mirada desencantada, la de quien ha entendido que solo existe el progreso cuando dejamos algo atrás. Molina nos concilia con el miedo al encuentro; es más, nos hace desearlo. Y, a la vez, es la mano amiga sobre el hombro que nos hace comprender cómo es el aire que respiramos y la vida que vivimos. La lectura de estos textos breves e impactantes nos recuerda que bajo la arena del mar agoniza el tiempo y que bajo las aguas hay catedrales sumergidas, o dicho de otro modo, que hay muchas otras vidas posibles y quizá las hemos vivido o soñado. Las voces de este libro son sonidos de una flauta mágica que nos recuerda que tenemos mucho por vivir y debemos vivirlo todo.